Entrevista exclusiva a Molina, Maestro de ceremonias de la F1
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Grand premio de España 2010 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Grand premio de España 2010 - www.sutton-images.com

Molina: «Me dicen que tengo el mejor trabajo del mundo»

Entrevista

En los podios de los Grandes Premios de F1, hay un hombre, siempre el mismo, esbelto, misterioso, vestido de punta en blanco y al que nunca entrevistan los medios de comunicación, que entrega las gorras, relojes, botellas y trofeos a los pilotos, sin que nadie sepa muy bien quién es. Se trata de un francés, Alexandre Molina, titular de un cargo imponente: «Master of Ceremony». Entrevista con sabor a champagne.

¿Cómo llega uno a convertirse en «Master of Ceremony»?

No fue algo buscado ni preparado. Entré en la F1 en 1995, a los 21 años. Todavía era estudiante. Estudiaba matemáticas y física. La F1 era una aventura de fin de semana para echar una mano. Luego, en mi segundo GP me llamaron para una sustitución. Después hice otro. Y al final de la temporada me propusieron hacer un año entero. Así que dejé las matemáticas y la física y me matriculé en Staps (Ciencias y técnicas de las actividades físicas y deportivas, ndlr). Antes de darme cuenta finalmente de que era más que un deporte, un show comercial. De modo que di otro giro de 90 grados y cursé un BTS (Diploma de técnico superior, ndlt) en acción comercial en alternancia durante dos años. Y después me casé con la F1. En 2000, Gérald de Bar (antiguo «Master of Ceremony», ndlr) presentó su dimisión y Paddy McNally (su sucesor, ndlr) me llamó y me propuso trabajar con él de forma más seria.

“Alexandre Molina, titular de un cargo imponente: «Master of Ceremony»”

¿Es usted un apasionado de la F1?

En absoluto. Y es curioso porque que el año anterior, en 1994, estaba en la facultad y nunca veía los GP. Aunque jamás olvidaré el 1 de mayo. Era festivo y no teníamos clases, hacía muy buen tiempo y yo estaba en la calle. Tan solo había una radio. Y escuché al comentarista gritar cuando Ayrton Senna murió. Aunque no veía los GP, estaba claro que era un momento intenso, realmente conmovedor. Yo no tenía ni idea en ese momento del camino que me esperaba, pero fue algo que me marcó.

¿Qué hace antes de subir al podio?

A menudo, cuando la gente se cruza conmigo, me dice que tengo el mejor trabajo del mundo porque entrego relojes y gorras, y veo a los pilotos. Esa es una cara de la moneda. Pero de hecho, mi trabajo consiste en toda la organización, desde el himno nacional a las banderas, pasando por los dignitarios. Para mí, las gorras y los relojes, son solo un detalle entre muchos otros. También me encargo de toda la parte comercial, de las zonas públicas, del F1 village, de las otras carreras del fin de semana, de toda la logística y las relaciones con los promotores. Los relojes y las gorras representan un 5% de mi tiempo.

¿También elige a las azafatas?

Les digo lo que tienen que hacer y cuando tienen que hacerlo. Las coloco indicándoles su ubicación sobre el podio. Pero yo no las elijo, de eso se encarga una agencia. Yo llego, me dan 55 chicas y yo me encargo de lo demás. Ahora es algo mucho menos glamuroso de lo que parece. Cuando hay que hablar con 55 chicas a la vez, es algo muy distinto que hablarle a una o dos.

¿Hay gente que le reconoce por la calle?

«La gente me llama ‘el hombre de la gorra’»
No voy a decir que me suceda todos los días pero sí con bastante frecuencia, sobre todo en los Grandes Premios. En algunos países más que en otros y en un tono bastante amable. La gente me llama «el hombre de la gorra» o «el hombre del podio». Una vez, en un restaurante en Bélgica, me abordó un joven que me dijo «¿Es usted el hombre que entrega los trofeos?». Le dije que sí y entonces me presentó a los amigos sentados a su mesa que me dijeron: «Nosotros tenemos a un juego que es casi mejor que los GP, nos divertimos un montón. En cada GP, apostamos cuál será el color de tu corbata». (Risas)

¿Se ha hecho amigo de algunos pilotos?

Intento mantener las distancias, lo contrario me resultaría incómodo. Luego las circunstancias hacen que se de una mayor afinidad con unos que con otros. Hay pilotos que me han dicho que no les gustaba demasiado verme en los circuitos. Con Michael Schumacher por ejemplo, la relación era difícil. Es una persona muy diferente, súper profesional, pero que nunca facilitaba las cosas. Siempre pedía dos veces más que cualquiera. Y puedo entenderlo, desde luego estaba mucho más demandado que los demás. Hoy por hoy, el que más me recuerda a Michael es Alonso. Siento un poco la misma presión. No es fácil saber cómo va a reaccionar en cada momento. Hay días en que todo va como la seda. Y otros días, no tanto. Es él quien decide. También pueden surgir momentos de complicidad. Recuerdo una vez que estaba jugando una partida de tenis antes del Gran Premio. En la pista de al lado estaba Räikkönen jugando con un amigo. Nos propusieron echar una partida de dobles. Ese día ganó la carrera. Cuando le veo, incluso antes de poder dirigirle la palabra, me dice: «¿Tenis?». Y nos echamos a reír. Nadie entiende qué es lo que nos hace tanta gracia.

Para usted, ¿en qué consiste un podio perfecto?

Un podio sobre el que nadie tiene nada que decir. Mi objetivo es pasar completamente desapercibido. El reto es que es en directo, de modo que no se puede volver a empezar. La otra dificultad está en los detalles. El 80% de esos detalles no se ven a simple vista y probablemente yo sea el único en saber si me he equivocado en algo o no.

¿Un podio es siempre mágico o se ha convertido en rutina?

Cuando empecé, en los años 1997, Gérard de Bar era «Master of Ceremony». Yo era su ayudante. Ponía los himnos nacionales con mi CD. Comprobaba las banderas, las colocaba en el sentido correcto. Abría las botellas de champagne, las subía al podio. Me acuerdo de las primeras veces que intentaba pulsar el botón de «play» y temblaba tanto que casi no era capaz. Mientras suena el himno nacional nadie se mueve. Dura un minuto y medio, dos minutos. Cuando estás temblando, se hace muy largo. Una vez convertido en el único responsable, en 2010 en el GP de Baréin, no sé por qué pero ya no le tengo aprensión al subir al podio. No obstante, eso no quiere decir que no haya siempre una concentración total. Unas cuantas vueltas antes del final, visualizo la ceremonia para ver si todo está en su sitio. Estoy en mi burbuja. No hay ninguna rutina. Es lo que más miedo me da.

¿Hay países donde las cosas se hacen de un modo diferente?

Es muy importante respetar todos los lugares a donde vamos. Nos encontramos en situaciones donde están presentes los más altos dignatarios: el rey, el jefe de Estado, el Primer Ministro o un Jeque. No hay que olvidar que también hay un protocolo en su país y que hay que ser diplomático. Y además la tele no espera. No se puede llegar tarde bajo ningún concepto. Según el protocolo, los dignatarios tienen que llegar diez vueltas antes del final de la carrera, porque tengo que darles unas pautas. Pero puede darse el caso de que lleguen más tarde, muy tarde, o casi demasiado tarde. Una vez, en Abu Dabi, a dos vueltas del final, los dignatarios estaban aún a 200 metros, en otra sala. No hablaban inglés y me encontré en una situación en la que yo mismo no estaba seguro de llegar a tiempo. Al final no pasó nada. Otra vez en China me explicaron en mitad de la carrera que los dignatarios iban a subir al estrado después de los pilotos. Hubo que negociar pero todo salió bien.

¿Ha presenciado riñas después de las carreras?

«A Webber le encanta que su champagne haga mucha espuma»
Debo confesar que el encuentro Weber/Vettel en Malasia fue un momento particularmente tenso. En Austria en 2002, cuando Barrichello frenó a unos metros de la meta (para dejar ganar, cumpliendo órdenes de su escudería, a su compañero de equipo Michael Schumacher, ndlr), sorprendió a todo el mundo. Cuando Michael entró en la sala fue un momento duro. Además, quería darle su gorra a Rubens, algo que va en contra del protocolo, porque había ganado y le correspondía llevar la gorra número 1. También está el encontronazo entre Alonso y Massa en el circuito de Nürburgring. Recuerdo que Ron Dennis intentó separarlos y el ambiente estaba tan tenso (Massa acusaba a Alonso de haber provocado a propósito dos roces entre sus coches, ndlr) que vino a decirme que había que darse prisa porque iban a terminar pegándose. Tuve la impresión de ser el árbitro en una pelea de boxeo.

¿Cuál es la logística del champagne en el podio?, ¿transporta usted mismo las botellas G.H.MUMM?

Cuando las recibimos, las ponemos a refrescar hasta la carrera. Luego, hay dos escuelas. Bien las dejamos un poco calientes para que haga espuma, bien las mantenemos frescas para que sea más agradable beber. Por ejemplo a Webber le gusta mucho la espuma. Hasta tiene su técnica: le da un golpecito a la botella con el escalón justo antes de subir. Antes, sacaba las botellas en el último momento porque quería que se mantuviesen frescas. Un día, me parece que en Canadá, hubo un problema de última hora con un cambio de dignatario. Tuve que avisar a la tele y cuando volví a la antesala, mientras esperaba a los pilotos mirando la pantalla de la TV, eché un último vistazo al podio y vi que no había puesto las botellas. Fue un momento de mucho estrés. Corrí a colocarlas rápidamente. Además, los pilotos son muy posesivos. Su botella es su botella y no se marchan sin ella. Uno en concreto se lo toma muy a pecho: Vettel. Siempre viene, coge su botella y le hace una marquita; le quita un trozo de la etiqueta para estar seguro de la reconocerla. Una vez me dijo: «Es mucho mejor cuando gano, así no tengo que hacer esto».

El dato de Henry The Podiumist:

G.H.MUMM envía cuatro jeroboams para cada Gran Premio, tres para el podio y uno para que lo firme el ganador, además de los magnums que hagan falta para el resto de carreras.

¿Qué opina de que el champagne sea un icono de la victoria en la F1?

El champagne se asocia enormemente a la victoria, al prestigio. De modo que encaja muy bien con el podio. Para la gente, el verlo allí se ha convertido en algo casi normal. Cuando hay un accidente, los pilotos al llegar dicen: «Nada de champagne». Hay una verdadera asociación entre la alegría y el champagne. Creo que si G.H.MUMM ha seguido fiel a la F1, es porque encuentran un interés. Desde el primer momento, se mostraron comprometidos y muy determinados a utilizar esta imagen para su marca. Es una asociación que, hasta ahora, ha funcionado de maravilla.

El dato de Henry The Podiumist:

El gesto de rociar a la multitud con champagne es una tradición de la F1 que se remonta a la creación del Campeonato Mundial en 1950. De hecho, fue en ese mismo año cuando se produjo el primer homenaje con champagne, justo mientras nacía el eminente campeonato de Fórmula 1. La tradición de rendir homenaje al ganador con una botella de champagne comenzó ese mismo año en el circuito de Reims-Gueux, en la región francesa de Champagne. No obstante, aún faltarían 16 años para que la ceremonia de entrega de premios en el podio tomase la forma con la que la conocemos hoy en día. Jo Siffert, tras quedar primero en su categoría en las 24 Horas de Le Mans y sin pretenderlo, dio un nuevo toque a la tradición. Cuando estaba en el podio, el corcho de la botella de champagne salió disparado por el exceso de temperatura, así que el piloto acabó por duchar a todos los asistentes que se encontraban en la entrega. Al año siguiente, en 1967, Dan Gurney celebró su victoria rociando a la multitud de forma deliberada, un gesto que ya es todo un ritual de la Fórmula 1.

¿Cómo valora el espectáculo que ofrece la F1?

Me parece que nos han mimado bastante durante los cinco últimos años, con campeonatos apasionantes que realmente van a por todas. Las últimas carreras suelen ser las más dramáticas en cuanto a tensión. Cuando Räikkönen se hizo con el campeonato a pesar de sus nueve puntos de desventaja. Cuando Massa ganó la carrera creyendo que había ganado el campeonato, pero resulta que Hamilton había adelantado a Glock en la última curva de la última vuelta. El año pasado, en Valencia, cuando Alonso ganó y lloró sobre el podio. En Abu Dabi, hace unos años, cuando cinco pilotos todavía tenían opciones de ganar el campeonato del mundo. Si hicieran una película, diríamos que no es realista. Hasta a mí se me ponen los pelos de punta.

Declaraciones recogidas por Charles Alf Lafon

henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Mark Webber - Gran Premio de Malasia 2013 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Mark Webber - Gran Premio de Malasia 2013 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Gran Premio de Bahrein 2012 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Gran Premio de Bahrein 2012 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Bernie Ecclestone & Alexandre Molina, Gran Premio de España 2011 - www.sutton-images.com
Bernie Ecclestone & Alexandre Molina, Gran Premio de España 2011 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Alexandre Molina se inicia al sabrage con copa en su visita a la Maison G.H.MUMM en Reims
Alexandre Molina se inicia al sabrage con copa en su visita a la Maison G.H.MUMM en Reims
henry_the_podiumist_De los viñedos al podio de la Fórmula 1. El 15 de mayo de 2013, el maestro de ceremonias, Alexandre Molina, pudo apreciar el savoir-faire de la Maison de champagne G.H.MUMM en Reims.
De los viñedos al podio de la Fórmula 1. El 15 de mayo de 2013, el maestro de ceremonias, Alexandre Molina, pudo apreciar el savoir-faire de la Maison de champagne G.H.MUMM en Reims.
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Gran Premio de Italia 2007 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Gran Premio de Italia 2007 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Gran Premio de Hungría 2011 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Gran Premio de Hungría 2011 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Gran Premio de Australia 2012 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Gran Premio de Australia 2012 - www.sutton-images.com
henry_the_podiumist_Alexandre Molina, Gran Premio de Japón 2011 - www.sutton-images.com
Alexandre Molina, Gran Premio de Japón 2011 - www.sutton-images.com